|
Mirko Lauer.
El último sondeo GOP (U. de Lima) sobre qué piensan los principales presidentes de directorio en el país tiene aspectos que eran previsibles: están contentos, comparten el subido optimismo de otros grupos de encuestados. La visión más interesante la aportan las series históricas, sobre todo las que vienen desde un año antes del cambio de siglo.
Con muy pocas excepciones, las series cuentan una historia de creciente comodidad de las empresas dentro del esquema democrático recuperado en el 2000. Lo cual por supuesto se debe a su percepción de la economía: la percepción de que ella marcha bien se ha cuadruplicado en cuatro años, hasta llegar a 64.2% en el 2006.
Lo cual ha beneficiado la opinión de estos empresarios sobre la política. La percepción de que ella está estable se multiplicó por nueve en cuatro años, y la opinión de que lo seguirá estando dentro de un año, por quince. Es interesante advertir que la mayoría de estas percepciones no han avanzado por saltos, sino de manera gradual.
Pero aunque a estos presidentes los motiva la economía, no son insensibles a la coyuntura: aprobaron a Alberto Fujimori al 80% en 1999, solo al 55% en el 2000. Pero luego aprobaron a Valentín Paniagua al 81%, y a Alejandro Toledo nunca menos de 14% ni más de 32%. El flamante Alan García del 2006 estaba en 92% a la hora de la encuesta (oct-nov).
Sin embargo estos presidentes optimistas son en el fondo, y paradójicamente, profundos desconfiadores frente a las instituciones del Estado. Si bien en cuatro años el grado de confianza ha crecido para una mayoría de ellas, el balance es en casi todos los casos negativo. Este año solo el JNE, la defensoría del pueblo y el gobierno central se salvan.
Tan interesante como las series es el conjunto de preguntas que GOP no hace. Con los ajustes de caso, el sondeo es el mismo que se podría aplicar al resto de los ciudadanos, lo cual en cierta medida impide llegar a un conocimiento más específico de este importante grupo de opinión. Es más una encuesta para afuera que una encuesta desde dentro.
No nos enteramos, por ejemplo, qué opinión tienen estos presidentes sobre la actuación del capital extranjero, o sobre el grado de atención que reciben del gobierno, o sobre el significado del negocio familiar (tema de un estudio de Julio Cotler, IEP, en 1998). Nos enteramos, en cambio, de que su aprobación al presidente de Confiep es la mayor en ocho años.
Un dato de particular interés es la creciente conciencia que existe entre los encuestados acerca de una inestabilidad jurídica en el país (la desconfianza en el PJ es 95%+ desde el 2003). Esto es percibido como la mayor debilidad para la actividad empresarial en el Perú, y ha subido de 44% a 63% en cuatro años. ¿Cuándo empieza esa reforma?
|