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Mirko Lauer.
Los partidos locales han pasado de presidir ocho a presidir 21 regiones. Esto ha sido interpretado de diversas maneras, desde una derrota de los partidos nacionales hasta una peligrosa fragmentación de la voluntad electoral en el país. Todavía se sabe poco sobre las agrupaciones victoriosas, pero el clima electoral en el interior es conocido.
La tendencia a preferir un candidato con un membrete de casa ya estaba instalada en muchas regiones, y su expresión más fuerte estaba en la elección de alcaldes. Comenzó en 1998, cuando los alcaldes independientes reunidos obtuvieron 33% contra el 28% que obtuvo Somos Perú, el partido nacional más favorecido.
Hasta ahora nadie ha descifrado la tendencia, más allá de un obvio anticentralismo. Por lo pronto las ocho presidencias independientes no se distinguieron mucho de las demás. Tanto así que casi todos ellos han sido reemplazados por alguno de otro grupo independiente. Podría argumentarse que el viento renovador no ha sido solo para los partidos nacionales.
Es notorio lo que esas ocho presidencias independientes no han sido o hecho. No han podido confluir hacia una sola iniciativa. Ninguna ha practicado el radicalismo de los antiguos frentes de defensa. Ninguna (salvo en un instante Loreto) ha predicado el separatismo, o incluso formas de autonomismo.
A pesar de su clamorosa falta de atribuciones, o quizás por ella, son presidencias a las que el anticentralismo no ha impedido seguir la tendencia general de la política nacional bajo Alejandro Toledo. Que ha consistido sobre todo en acomodarse a esperar la llegada de los beneficios de la bonanza macroeconómica.
Respecto de la idea de un Apra derrotada en el interior, es importante tomar en cuenta que las candidaturas regionales de un partido nacional siempre son locales. ¿Es su vínculo con la central de Lima lo que las ha derrotado? ¿O son más bien los méritos propios de cada candidatura? Aquí nos vuelve a servir el ejemplo de los ocho independientes removidos.
Lo que parece claro es que los electorados regionales cada vez más consideran que un partido local es el mejor antídoto contra el centralismo. Pero por allí terminan las coincidencias, el numero de independientes que han ganado con mayorías reducidas es sintomático. No hay que ser profeta para ver que el 20.3% de Pablo Fuentes en Puno augura problemas.
A pesar de la avalancha del domingo, parece que todavía la mejor manera de observar el fenómeno del triunfo independiente es caso por caso, que es como se dan las relaciones con el gobierno central. Esto significa forjar algo así como 21 alianzas políticas, de las que podría salir, allí sí, un nuevo tipo de poder.
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