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Mirko Lauer.
El costo para el gobierno de mantener a flote la iniciativa anti-ONGs está aumentando día a día. Pues aunque la extrema derecha se ha inventado un enemigo a la medida, sus argumentos cada vez más demuestran ser puro ruido. Todo esto mientras la mayoría Apra-UN-fujimoristas que dio la ley se desliza cada vez más hacia los ataques contra los principios de una democracia liberal.
Cada día se evidencia más que las ONGs no son el monstruo incontrolado, abusivo y peligroso que pintó la calculada campaña de medios que antecedió a la ley. Tanto así que esos propios medios empiezan a calificar sus diatribas: ya no son las ONGs a secas, como al comienzo, sino las "ONGs políticas", lo cual anuncia la retirada hacia ceñir el ataque a las "malas ONGs" o fórmulas parecidas.
Que los encargados del Apra en el Congreso le han fletado, de puro ansiosos por hacer mayoría, un innecesario problema al Ejecutivo se evidencia en que ellos son prácticamente los únicos oficialistas que participan en el coro de invectivas contra las ONGs y sus defensores. Una reciente andanada contra la Defensora del Pueblo por expresar opinión en el tema nos ha retrotraído a viejos tiempos.
Lo que se empieza a perfilar es una suerte de guerra contra la porción liberal de los mecanismos democráticos. La supervisión ciudadana de los actos de gobierno, la pertenencia al sistema internacional de justicia, un grupo de libertades claves que figuran en la Constitución, son algunos de los valores que han pasado a estar bajo ataque apenas se votó la ley anti-ONGs.
La diferencia entre el clima de denuncias de estos días y el de los tiempos fujimoristas empieza a ser solo de grado. Por lo pronto los críticos del mal paso parlamentario son los mismos que cuestionaron el autoritarismo del fujimorismo. Con la notoria excepción del Apra, aunque es notorio que muchos de sus dirigentes y afiliados no están muy contentos con la nueva posición, y la nueva compañía.
Algunas figuras en el Ejecutivo están buscando una salida razonable, que salve la mayor cantidad posible de caras. Es muy probable que lo logren, ya que la realidad de las ONGs se presta a ello. La pregunta es si lograrán meter a todos los demonios de la intolerancia de vuelta a la caja de la que se les dejó escapar. Es decir, si fue un accidente de ruta o un pacto fáustico en toda la regla.
En todo esto es evidente que los fujimoristas y los pepecistas están creando un río revuelto en el que intentan ganar en otro tablero las elecciones perdidas en abril pasado (y las que perderán ahora el 19). En esto su blanco estratégico no es la izquierda, sino el Apra. Que es a la que han combatido con todas sus fuerzas desde siempre. Que lo diga Mauricio Mulder (a) Jean Moulin, el héroe de esa resistencia.
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