NOTICIAS
Principal
Política
Economía
Sociedad
Policial
Cultural
Internacional
Deportes
Especial
DOMINGO
OPINIÓN
Editorial
Columnistas
Colaboradores
Al margen
Cosas de la tribu
Cartas del lector
SERVICIOS
Agenda cultural
Televisión
Cine
Horóscopo
Aviso Legal
Mastergrama
Crónica Judicial
Chiclayo
Trujillo
Arequipa
Piura
LINKS
Libero
El Popular
Principal arrow Colaboradores Martes, 06 de Enero 2009
La universidad (im)posible

Manuel Burga.

Image
Este título del libro de Jacques Marcovitch, La universidad (im)posible (Madrid, 2002), no es ambiguo sino que resume su recomendación central: la "universidad perfecta" es imposible, busquemos la universidad posible, la que verdaderamente necesitamos. Si el título llama la atención, un atractivo mayor es quien lo escribe: un ex rector de la Universidad de Sao Paulo, la famosa USP, quien lo hace con fe en el futuro y a pesar de ser un técnico, un administrador de empresas, se complace hablando de arte, cultura, historia, ciencia y por supuesto de moderna gestión institucional. No conozco ningún informe sobre su rectorado (1997-2001), pero sí sabemos del reconocimiento internacional que ahora tiene esta universidad.

¿Sabe Ud. que la universidad es una institución muy moderna en Brasil? La primera, la Federal de Río de Janeiro, fue fundada en 1920 y la USP, la que quisiera brevemente presentar, en 1934. Pero quizá en lo que Ud. no ha reparado es que a pesar de esta sorprendente juventud cinco brasileñas aparecen en el Ranking Mundial de las 500 Mejores Universidades del Mundo, donde también aparecen la UNAM de México, la UBA de Buenos Aires y la Universidad de Chile; las tres muy antiguas. Pero hay un detalle muy significativo: estas tres últimas figuran por sus puntajes en la columna de egresados de sus aulas con Premio Nobel. Las brasileñas, y en particular la USP, más bien por la producción de sus docentes en ciencias exactas, de la naturaleza, médicas y sociales. Por eso se vuelve más interesante este libro.

Entonces, nos interesa saber qué es lo que hace grande a la USP y para eso un buen camino podría ser la comparación con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El 2005, la USP tuvo 77.205 alumnos matriculados: 58,5 % en el pregrado y 41,5 % en el posgrado. Se graduaron 2.750 de magíster y 2.041 de doctor: ambas cifras representan un 19,6% del total de los 24.408 matriculados en el posgrado. En San Marcos la matrícula fue de 32.466 estudiantes: 90% en el pregrado y 10 % en el posgrado, proporciones incomparablemente diferentes que hacen de San Marcos una universidad contrariamente adolescente frente a la "madura" USP. La USP tiene 5.078 docentes: el 95,3% con grado de doctor. En San Marcos tenemos 3.157 docentes: el 17,3% con grado de doctor. Pero lo que más debe sorprender es que la USP tenga 15.008 trabajadores administrativos, mientras que San Marcos escasamente 3.425: 1,1 trabajadores por docente en San Marcos y 2,7 en la USP. Donde no hay sorpresa es en la inversión anual por estudiante: US$ 5.000 en la USP y menos de US$ 2.000 en San Marcos.

Por otro lado, ambas son públicas, con presupuestos del Estado y con gobiernos colegiados, pero con participación estudiantil muy desigual en los órganos de gobierno: 15% en la USP y 33,3% en San Marcos. Ambas son muy codiciadas por los estudiantes de secundaria: 120.000 postulan anualmente a la USP e ingresan 7.000. A San Marcos, entre el 2001 y el 2005, postulaban 50.000 en promedio e ingresaban 5.250. Un 65% de los que ingresan a San Marcos provienen de colegios públicos, a diferencia de la USP donde un 80% proviene de colegios privados de la clase media paulista. Ambas –como gratuitas– descienden del modelo napoleónico, el que surgió después de la Revolución Francesa con la finalidad de democratizar a la tradicional sociedad aristocrática. Este modelo que impulsó la movilidad social en la vieja Europa, ha tenido resultados paradójicos en América Latina. En Brasil, la clase media se ha apropiado de las excelentes universidades públicas a las cuales se ingresa a través de un exigente examen de admisión y han dejado las privadas a los sectores populares. En nuestro país ocurre exactamente lo contrario: las públicas son para los sectores populares y las clases medias se refugian en las universidades privadas, con lo que nuestra educación superior pública –a diferencia de su intención original– juega un papel retrógrado: es un mecanismo de desintegración social, que promueve más bien la agitación política y la sociedad estamental.

Por lo tanto, con el realismo del caso, debemos buscar una universidad de calidad, donde se investigue, con un posgrado más grande, con más doctores, con más administrativos calificados, pero asimismo debemos promover la reforma gradual, la inversión estatal y la gestión responsable y eficiente. En nuestro caso, quizá más que en Brasil, hay los que piensan que la universidad pública no tiene salida, que hay que dejar la cancha libre a la universidad privada, sin embargo este libro –escrito desde una excelente universidad pública– nos deja la sana sensación que debemos persistir en la búsqueda de un modelo que promueva la cohesión social, una universidad emprendedora y generosa, como dice Marcovitch: "La universidad es emprendedora cuando utiliza sus recursos con racionalidad y sabe anticiparse al futuro. Anticiparse al futuro significa cultivar el sentido de responsabilidad y de innovación".

 
< regresarenviar por correoimprimir
Buscador
Ediciones Anteriores
 

Logo Certifica


Logo IAB
imagen_pie_pagina
  2008 Grupo La República Publicaciones- Todos los derechos reservados
Política de PrivacidadCréditosTarifarioContacto
imagen_pie_pagina
PERU TRAVEL PERU TOURS PERU FLIGHTS HOTEL IN PERU INCA TRAIL CUSCO PERU MACHU PICCHU TRAVEL ARGENTINA TRAVEL ARGENTINA FLIGHTS PATAGONIA TRAVEL CHILE TRAVEL MEXICO TRAVEL BRAZIL TRAVEL SOUTH AMERICA TRAVEL & TOURS