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Roberto Ochoa B.
Que el Presidente de la República decrete el estado de emergencia y se niegue a reconocer el levantamiento indígena no nos sorprende. Para eso tiene a su ministro del Interior, dispuesto a papelones como el de Moquegua. Que el primer ministro acuse a ONG y las meta en el mismo saco con las Casas del Alba y los "infiltrados nacionalistas", tampoco sorprende. Que el titular de Defensa balbucee críticas a los indígenas rebeldes mientras se hace el sordo con temas como la masacre de Putis y la renovada corrupción en las Fuerzas Armadas, tampoco nos debe llamar la atención.
Pero que el ministro del Ambiente repita ese mismo rollo para justificar el fracaso de su gestión ante los dirigentes amazónicos, solo demuestra que don Antonio Brack Egg mantiene esa actitud paternalista y prepotente de todos esos agentes (colonos, cocaleros, caucheros y mineros informales), que a lo largo de nuestra historia invadieron territorios indígenas para explotar sus recursos naturales, condenándolos a la postración y el exterminio.
Los nativos son los verdaderos defensores del medio ambiente. En lugar de bravuconadas, la administración García y el Ministerio del Ambiente deberían declarar estado de emergencia en las selvas de Puno y Madre de Dios, donde cocaleros y mineros destruyen a su antojo el último pulmón vegetal del mundo.
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