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Domingo, 05 de Julio 2009
¿Preparando el desorden? Voto en contra
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"Mal votar y llevar al poder a sujetos que no lo merecen, pone a mucha gente a pensar, y en consecuencia, aumenta la capacidad crítica"
  

Hugo Neira.

La política se ha convertido en un ejercicio de evasión.  Ahora se la quiere estrechar más. Está en marcha un procedimiento legal para convertirla en algo que se desconecte por completo del país real. Me refiero al proyecto constitucional de reducir al máximo el número de interesados, vale decir, de votantes. Pero esta finalidad no se propone de frente, a las claras, que va. El truco consiste en decir que no votar nos hará más libres. Son hábiles los partidarios del suicidio. La maniobra es sutil : el descontento de los encuestados sirve para que estos mismos se autoeliminen como votantes. El no-voto no es la libertad sino su contrario.

Se prepara un alegre desastre. ¿A qué me refiero? Ya Ántero Flores-Aráoz lo ha dicho con todas sus letras, cuando el voto deje de ser obligatorio, todos los sufragios serán un 7 por ciento. Ya me dirán  cómo se podrá manejar este país con mandatarios desprovistos de legitimidad. Presidentes del tres por ciento. Si el lector está a favor de que el virtual votante se quede en casa durmiendo la siesta el día de elecciones, y camarillas con camiones llenen lo que costó sangre y dolor conquistar, las urnas, pues adelante. 

Es cierto que muchos no quieren volver a ir a votar. Sufragar suele ser el instante de un desacierto ¿y qué? Se sufre pero se aprende. La desilusión de estos últimos veinte años es la mejor escuela de civismo en un país que era electoralmente ingenuo. El actual voto obligatorio liga a millones de peruanos, quiéranlo o no, a los malos gobiernos que ellos mismos no cesan de elegir. Desengaños, desilusión colectiva, que hoy provocan un resultado paradojal y en nada negativo. Mal votar y llevar al poder a  sujetos que no lo merecen, pone a mucha gente a pensar, y en consecuencia, aumenta la capacidad crítica. Hay un ensanche de la conciencia colectiva. Todo menos que indiferencia, dice el vals. Pero no, ahora quieren librarnos de esa sana angustia. Vienen cuatro cubileteros de cuidado y le dicen a la gente, no voten, vayan a la playa el día de elecciones, no sufran ni se atormenten. Y como en este país si a los parroquianos se les da la ocasión, prefieren escapar que encarar, se explica el asentimiento. Encima con la huachafería de creernos ya norteamericanos. Ya he explicado que en Norteamérica votan 17 veces más que nosotros. También he dicho que no todo lo que es mandato o coerción, por serlo, es malo. La coerción es parte de toda ley y la norma.

No me hablen, pues, de las encuestas. Los individuos interrogados en ellas, tienen el desparpajo de responder que si irán a votar cuando ya no medie la sanción de una multa. ¡ Quién les cree! Y así, vuelvo a preguntar: ¿qué Estado peruano será este sin sus poblaciones? Por lo demás, hay visiones del mundo y valores expresados como verdades a “priori”  tras esa aceptación. Una fe como teológica que asigna al mercado totalmente las decisiones. Olvidan que sin Estados fuertes y naciones ordenadas por leyes, no hay inversiones foráneas. Lo digo porque hay una opinión que no quiere ni Cámaras, ni Estado y ahora ni votos; se aspira al progreso material y el institucional los trae sin cuidado. Ahora bien, hay decisiones que las encuestas rechazan y son convenientes. El bicameralismo es una de ellas. En fin, estoy entre los que piensan que el voto, aun contrariado, es un recurso para criticar las ineficiencias, y que  derogarlo es privar, en el estado actual de cosas, a las poblaciones de ese medio.

Quiero concluir: el potencial de destrucción radical de esa reforma es extremo. Escinde de raíz país real y formal. Nadie quiere obedecer, y sin embargo vamos a ahondar la anomia y la esquizofrenia. En efecto, si la característica más destacada de nuestra situación es el estado de inestabilidad, ¿cómo a algunos puede ocurrírseles pensar que lo mejor es eludir, esquivar, zafarse de la representatividad masiva? Qué error. Las gigantescas placas movedizas, esa tectónica de placas de los movimientos populares espontáneos, que de Ilave a Andahuaylas reemplazan las urnas por la llanta quemada y el paro indefinido, va a proseguir. ¿Qué autoridad le dejan, para negociar, a quienes provengan de urnas vacías y desoladas salas de sufragio? El disparate es colosal. El atractivo del no-voto no pertenece a la razón.

PD. Escribí este artículo antes del voto contra la bicameralidad. Se ha cedido, la opinión suele equivocarse, es el caso, pero ha faltado coraje democrático para enmendar el error colectivo. Lo que la calle quiere no es este sino ningún tipo de congresismo. Las encuestas son la dictadura del lumpenproletariado. Los Humala seguirán avanzando sobre el fondo del ruido político de la República de Weimar, del desorden, que es lo que ahora somos.

 
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