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Abelardo Oquendo
En 1977 nació la Biblioteca de Cultura Quechua Contemporánea, que editó durante algunos años la Universidad Federico Villarreal. Su primer volumen fue una versión bilingüe (quechua-castellano) de Los heraldos negros, de César Vallejo, en traducción de Porfirio Meneses. Once años después la Universidad Ricardo Palma publica otra versión al quechua de la poesía de Vallejo, nada menos que de Trilce, esta vez. Y otra vez el traslado al quechua se debe a Porfirio Meneses, poeta y narrador en las dos lenguas mencionadas, autor teatral y maestro.
Traducir Trilce a cualquier idioma es una enorme tarea, un arriesgado desafío. Meneses ha trabajado muchos años para llevar a cabo ese empeño. ¿Tiene sentido un esfuerzo tan grande si todo aquel capaz de leer a Vallejo en quechua puede leerlo en español, dado que se alfabetizó en esta última lengua?
Sí, lo tiene. Y es el propio Meneses quien se ha encargado de exponerlo adelantándose a un cuestionamiento tan previsible como banal. En su introducción a Los heraldos negros dice que su versión de Trilce, que entonces trabajaba, "obedece al uncioso homenaje que quiere rendir a tres entes venerables: la lengua quechua, el pueblo que lo habla y el inmenso poeta César Vallejo. Porque la lengua quechua, preterida de siglos y aún vigorosamente viviente, (…) merecía contener la palabra de uno de sus influidos, el cholo Vallejo. (…)
Habíase de mostrar también la cabal aptitud de la lengua nativa para ofrecer sin desmedro la expresión contemporánea, incluidas las formas de abstracción que algunos lingüistas y comentaristas han querido negar alguna vez. El autor ha pretendido mostrar una lengua actual y no pasada, un hálito vibrante de modernidad. Este trabajador quiere desdecir a quienes consideran al quechua cosa del pasado, obsoleta, innecesaria. (…) Ha querido probar, con la palabra de Vallejo, que esta lengua puede asumir las más prístinas y vitales formas de la modernidad."
¿Lo ha logrado? Este columnista ignora el quechua y es, por tanto, incompetente para responder. Pero cree no serlo para apreciar la grandeza del propósito y la entrega fervorosa y paciente que ha demandado. Y quiere aquí expresar su respeto por la fidelidad que ha mantenido Porfirio Meneses, de 93 años de vida, a su vocación literaria y a esa patria íntima que es toda lengua materna. |