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Abelardo Oquendo.
Quizá no tengamos otro pintor con tanta vocación por el libro como José Tola. Por el libro, no por los libros, aunque también esta la tiene, pues no solo los reúne sino los escribe. Para decirlo de otro modo: como pintor, Tola da indicios de requerir del libro como un apoyo necesario. Desde tiempo atrás, las exhibiciones de su obra pictórica las viene acompañando con impresos que han ido excediendo al habitual catálogo y pasando de las estrictas dimensiones del folleto a las del libro.
El que acaba de aparecer con ocasión de su retrospectiva en la galería del Instituto Cultural Peruano Norteamericano de Miraflores –Tola. Obra plástica 1969/08– es ya un considerable volumen de formato mayor, con 210 páginas, más de 150 de ellas dedicadas a la reproducción a color de sus pinturas.
El libro, publicado por el ICPNA en el marco de la celebración de sus setenta años de vida, alberga el conjunto de los trabajos de Tola reunidos para esta gran muestra antológica. La selección de la obra, hecha con criterio cronológico, estuvo a cargo de Jorge Villacorta, a quien se debe el prólogo del volumen.
Al ilustrativo prólogo de Villacorta, que se ocupa de la trayectoria artística el pintor, sigue un ensayo de Mirko Lauer ("José Tola, ensamblaje del cuerpo y del alma") en el cual preguntas como las siguientes: "¿Cómo se mira uno de estos cuadros?", "¿De qué manera se mira uno en uno de estos cuadros?", "¿ Hay tal cosa como ‘los cuadros de Tola’?" orientan y dinamizan las inquisiciones del autor. Ya hacia el final se formula estas otras: "¿Cómo se vuelve a mirar estos cuadros? ¿Cómo soportan y soportamos una segunda mirada?". Las respuestas de Lauer y la confrontación que hace él con las ajenas producen una rica reflexión en torno del extraordinario universo plástico de Tola.
El tomo concluye con una cronología del artista, un catálogo de su obra y una bibliografía. Esta vez –quizá la primera– la palabra de Tola está ausente en una publicación ligada a la exposición de obras suyas. Una palabra que rehuía tratar la propia pintura pero abonaba a la creación de su leyenda; algo de lo cual, a estas alturas, bien puede prescindir su obra. |