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Un error epistolar de Aprodeh que, insistimos, se equivocó de momento, pero no en su caracterización del MRTA como grupo derrotado, desarticulado e inactivo viene siendo aprovechado por los fujimoristas de todo pelaje y sus aliados de la ultraderecha en los medios para realizar una ofensiva contra los organismos defensores de los derechos humanos, a los que se pretende vincular con el terrorismo a través de una campaña falaz y mentirosa.
Para los partidarios del ex dictador, ha llegado el momento de cobrar cuentas a organismos que denunciaron infatigablemente las violaciones al derecho humanitario cometidas bajo el fujimorismo por agentes del Estado, las cuales fueron protegidas por Fujimori con amnistías y un manto de impunidad . Para la ultraderecha, que no puede escribir dos líneas sin mencionar la detestada palabra ONG y abomina de todo intento de organización de la sociedad civil, ha llegado la hora de los cuchillos largos y el ajuste de cuentas.
No es cierto, y lo saben bien los calumniadores, que las agrupaciones de DDHH hayan defendido únicamente los derechos de terroristas. Sus condenas al accionar de los grupos subversivos SL y MRTA han sido numerosas y muy claras. Han defendido, sí, a personas injustamente acusadas de terrorismo y logrado en muchos casos su puesta en libertad, tal como lo hizo también el Estado a través de la Comisión de Indultos creada bajo la dictadura. Pero se trataba de inocentes, no de terroristas.
El objetivo de esta campaña es muy claro: propiciar un clima de intolerancia que obligue al gobierno a reprimir toda voz y espacio de disidencia. Lamentablemente, hay voceros oficiales que le hacen el juego, de ahí la expulsión de Aprodeh y la Coordinadora de DDHH del Consejo Nacional de Derechos Humanos y las voces que pretenden la clausura de instituciones valiosas, que han realizado y realizan una actividad irreemplazable en favor de las olvidadas víctimas de la violencia.
Menos mal que en momentos en que se pretende crear en el país un clima parecido al que favoreció las persecuciones ideológicas del tristemente célebre senador McCarthy en los EEUU de los años 50, surgen voces reflexivas pidiendo calma y contención, una de ellas la de Mercedes Cabanillas. Porque lo peor que podría ocurrir es que la realización de la cumbre AL-UE se desarrolle en un clima ominoso de revancha y pedidos de restricción de libertades para defensores de los DDHH. La Unión Europea, que es muy celosa en este terreno pues se trata de países con conciencia pública de los avances del derecho humanitario, no podría dejar de advertirlo como algo muy negativo y descalificador. |