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Se han desenterrado 81 cuerpos completos de hombres, mujeres, niños y fetos. También cuatro hornos con cenizas y más huesos.
César Romero y Ana Véliz.
 La hoyada. Área de 17 hectáreas del cuartel Los Cabitos donde se realizan las excavaciones y recuperación de cuerpos. |
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 Ciencia. Se busca identificar los cuerpos y determinar cuándo murieron. |
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 Víctimas. (1) El esqueleto de un no nacido de seis meses, (2) el cuerpo de una mujer con un niño de cinco meses a sus pies, ambos muertos con disparos en la cabeza, y (3) las excavaciones.
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Los torturaron para hacerlos hablar, luego les dispararon un tiro en la cabeza y los enterraron o cremaron para que nadie conociera sus historias, todo con la justificación de eliminar a Sendero Luminoso.
Sin embargo, desde el 2005, con la ayuda de la ciencia forense, sus huesos, enteros o calcinados, han vuelto a la superficie para contar lo que sus asesinos quisieron ocultar.
El Instituto de Medicina Legal (IML) ha recuperado hasta ahora 81 cuerpos de hombres, mujeres, niños y no nacidos, además de muchos huesos incompletos, enterrados en fosas clandestinas ubicadas en el área del cuartel militar Nº 51, más conocido como "Los Cabitos".
Las excavaciones se realizan por recomendación de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que documentó la detención y desaparición de 135 personas en dicho cuartel. Pero, por lo encontrado hasta ahora, esa cifra podría ser muy superior. Las excavaciones se realizan en una zona de 17 hectáreas conocida como "La Hoyada".
HABLAN LOS HUESOS
"La historia de Los Cabitos es escalofriante, da miedo, recuerda las historias de los campos de concentración nazis. Entre los 81 cuerpos recuperados, hay niños de cuatro y cinco años que fueron asesinados con un disparo en la cabeza", describe el jefe del Instituto de Medicina Legal, Luis Bromley.
"El cuerpo –continúa Bromley– de uno de estos niños estaba a los pies de una mujer, que podría ser su madre, y que tenía un feto de nueve meses en su vientre. La mujer también recibió un disparo en la cabeza y su bebé por nacer agonizó durante 30 minutos antes de morir por asfixia".
En otra fosa se encontró el cuerpito de otro no nacido de seis meses. "¿El asesinato de estos niños puede tener alguna justificación, eran terroristas o representaban algún peligro para la sociedad?", preguntó Bromley.
Todos los cuerpos recuperados presentan disparos en la cabeza y la mayoría tenía las manos atadas a la espalda, lo que confirmaría que fueron objeto de tortura.
LOS HORNOS
El trabajo del IML consiste en buscar y recuperar los cuerpos con el objetivo de establecer cuántas personas fueron enterradas en esa zona militar, en qué año, cuáles fueron las causas de muerte, cómo vivieron sus últimos días y devolverles su identidad para entregarlos a sus familiares.
En esta labor, los peritos del IML han encontrado además cuatro hornos, que por las cenizas y huesos calcinados, permiten establecer que fueron utilizados para quemar cadáveres de presuntas víctimas de tortura y desaparición forzada.
Estos hornos evitarán que se sepa cuántas personas murieron luego de ser detenidas en Los Cabitos, pero, dice Bromley, por las cenizas y huesos calcinados podremos tener una idea aproximada.
Hasta ahora se ha cavado en dos hectáreas con dificultad por la falta de recursos y las trabas que pusieron los militares. Hoy el IML tiene más apoyo de personal e infraestructura por lo que se espera terminar la labor en un año más. Los trabajos forenses se realizan en el mismo Ayacucho y ya no se tienen que traer los restos hasta Lima.
Las excavaciones y peritajes forenses se realizan en coordinación con el fiscal supraprovincial de Ayacucho, Andrés Cáceres Ortega, quien se ha ganado el apelativo de "El Brujo Andino", por esta labor.
Al término de las investigaciones, la fiscalía confía en poder establecer qué paso en Los Cabitos en la lucha contrasubversiva, identificar a los autores de esos asesinatos y a los que dieron las órdenes.
Los obligaban a culparse
Según la CVR, en el cuartel Los Cabitos los detenidos eran forzados a desnudarse y, con las manos amarradas hacia atrás, eran torturados para obligarlos a "confesar" su filiación subversiva o dar nombres de presuntos senderistas.
Allí se usaron diferentes técnicas de tortura como: 1) las víctimas eran atadas con los brazos atrás y se les suspendía en el aire; 2) se las sumergía en un cilindro de agua; 3) se les aplicaba electricidad; 4) no se les proporcionaba agua ni alimentos, y 5) se les hacía escuchar los gritos de dolor de algún familiar cercano, que estaba siendo torturado.
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