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Sábado, 04 de Julio 2009
Disidencias. Macarthismo e intolerancia

Alberto Adrianzén M. (*)

Quien haya visto el debate último entre Carlos Tapia, por un lado, y Fernando Rospigliosi y Jaime de Althaus, por el otro, porque así fue, tiene todo el derecho a preguntarse hasta dónde se piensa llevar esta campaña absurdamente antichavista que solo busca la descalificación del adversario político. Es decir, cuál es el límite que debe existir en todo juego democrático. ¿O creen la derecha, el fujimorismo y el gobierno que para ellos no hay límites?

Hace unos días, el diario Correo, en su sección "Chiquitas" se quejaba amargamente de que Sinesio López dicte una conferencia en la ONPE porque era un intelectual de izquierda. Asimismo, que la ONPE tenga una vena "roja-chavista" por apoyar la consulta de Majaz. También por esos días dos jóvenes fueron "arrestados" por tomar unas fotos a los aviones en el aeropuerto. La fresa en la torta, como se dice, fue que uno de ellos tenía un apellido libanés, razón por lo cual la policía lo consideró "sospechoso" de terrorismo, como si tener un apellido con esas características fuese un delito o motivo de investigación.

La cadena es aún más larga: la campaña de Correo contra el IDL y, en especial, contra Ernesto de la Jara; el arresto de los jóvenes que viajaron a Quito al encuentro bolivariano y sobre lo que, hasta el momento, no hay ninguna prueba seria que sustente la acusación de que son terroristas; los insultos del cardenal Cipriani a todos aquellos que estamos por el aborto terapéutico y por facilitar el divorcio; la insistencia, realmente patética, de que existe una conexión entre las FARC, la Casas del ALBA, las protestas sociales y las próximas cumbres. Este último punto –en realidad, producto de una mente afiebrada– fue desmentido por el propio Canciller ya que ponía en cuestión, irresponsablemente, la capacidad del Estado peruano de dar seguridad a los visitantes.

Vivimos no solo un clima macarthista sino también intolerante. Ya no solo se trata de investigar, de levantar malsanas sospechas o perseguir sino ahora de excluir; es decir, de negarle al opositor –que es distinto– la posibilidad de existir políticamente.

Y es que todo proceso de intolerancia, "tiene por consecuencia la discriminación hacia grupos o personas… ya que el intolerante considera que ser diferente equivale a no ser iguales en cuanto a derechos". Porque eso es lo que se busca: arrebatar los derechos que hoy tienen aquellos que piensan distinto. Se trata primero de perseguir a la oposición, para luego "guetizarla" políticamente. Como dice Héctor Pavón: "Pero un gueto no se constituye tan solo por la voluntad de quienes allí viven sino también de quienes los estigmatizan, los desprecian, marginan y también temen. En el gueto no se entra, de allí salen los peligros hacia la sociedad abierta" (Clarín, 20/10/07. Revista Ñ). En realidad, la "guetización", como afirma el sociólogo Loic Wacquant, es infligida siempre a un grupo: los judíos, indios o negros, por solo citar algunos ejemplos, no eligen vivir en el gueto, los obligan a vivir allí.

El propio Wacquant, autor del libro Los condenados de la ciudad, en una entrevista para el diario Clarín, citada por Pavón, señala que el primer gueto contra los judíos fue el de Venecia en 1516: "El gueto de Venecia está cerrado por un muro y es patrullado por la policía día y noche, todas las ventanas y las paredes están tapadas, solo se puede mirar hacia adentro".

En nuestra sociedad, como en otras, "mirar hacia afuera" y "decir" lo que sucede, se convierte en un peligro. Hablar de la pobreza, de la desigualdad, de los bajos salarios, del mal gobierno, del medio ambiente, del divorcio, del aborto, de la prepotencia de las elites, de las transnacionales es "introducir" la división cuando lo que debe de primar es la unanimidad oficial. Como también está prohibido "mirar hacia adentro" cuando se habla de los "clubes privados" en las playas de Asia o de otras expresiones del racismo.

Sin embargo, guetizar a la oposición es también expresión de los temores que hoy tienen la derecha y el gobierno. Son los fantasmas que conocieron el 2006 y que proyectan al 2011. Por eso han empezado desde temprano a construir este gueto político para los opositores. Solo les falta proponer –y sospecho que algunos ya lo consideran– que aquellos que piensan distinto y protestan deberían llevar un distintivo en el pecho, que ya no será la Estrella de David sino más bien una hoz y un martillo rojos porque son "intelectuales comunistas" o nacionalistas, como se dice ahora.

(*) www.albertoadrianzen.org

 
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