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Jueves, 07 de Agosto 2008
Detrás de la postal

¿Se han disparado a los pies los cusqueños al oponerse a la Ley Bruce? ¿Están dominados acaso por fuerzas extremistas y retardatarias, como advierte desde Lima un coro de analistas ultraliberales? Una revisión de los indicadores socioeconómicos del Cusco –y de la forma cómo se distribuyen los ingresos que deja el turismo– echa por tierra esa tergiversada visión de postal, tan alejada de la realidad del país pero tan de moda en la capital.

Por Flor Huilca, desde el Cusco

 
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En la foto, una pareja de niños que vive de las propinas que le dan los turistas por dejar fotografiarse. Derecha, más turistas en Machu Picchu.
 
Cusco, tres de la tarde. Cualquier día, porque en el Cusco siempre hay turistas. Todo el año. Caminan por las calles empedradas del centro histórico, admiran la técnica de los incas para trabajar la piedra en sus construcciones, se impresionan con el arte colonial y, sobre todo, dejan divisas para la región. Cada uno de ellos puede gastar entre cien y mil dólares por cada día que se queda en esta ciudad.

¿Cómo se distribuyen esos ingresos? La respuesta a esta pregunta puede ayudar a entender por qué los cusqueños tomaron las calles a propósito de las leyes 29164 y 29167 que promueven la concesión y construcción de hoteles y restaurantes al lado de sitios arqueológicos. Y es que ninguna otra demanda en la región tiene tanta convocatoria como la defensa del patrimonio cultural.

LAS 20 TOP

El turismo es la actividad económica más importante del Cusco, de eso no hay ninguna duda. Tres de cada diez soles que ingresan a las arcas de la región provienen del turismo (30% del PBI), actividad que emplea al 22% de la población; le sigue la agricultura que aporta el 25% del PBI, pero emplea al 42% de la población y, finalmente, el sector energía.

En en el 2007, solo la actividad turística representó para el Cusco 420 millones de dólares. Veamos ahora cómo se distribuyen esos ingresos.

Según cálculos de la Dirección Regional de Turismo, la mitad de esos recursos (210 millones) se queda en poder de 20 grandes empresas turísticas que no reinvierten en la región en esa misma proporción. El otro 50% se reparte entre las microempresas de taxistas, las agencias de viajes, los artesanos, los guías y otros servicios menores vinculados al turismo.

De los 210 millones –dice Jean Paul Benavente, director regional de Turismo– la empresa Perú Rail (la operadora monopólica de la línea férrea Cusco-Machu Picchu) se queda con el 20%, los hoteles de 4 y 5 estrellas con el 15% y las instituciones públicas como el INC y las municipalidades con el 7.5% (por los ingresos a los monumentos arqueológicos que se reinvierten en su conservación).

Esa distribución, en opinión de Benavente, es lo que exacerba los ánimos de la población cuando se habla de inversión privada en el patrimonio cultural.

"El modelo turístico en la región está siendo entendido de una manera muy diferente. La población tiene una idea y los empresarios del turismo otra. La población nota claramente que un puñado de empresas se lleva la mayor parte de los ingresos del turismo. Tanto así que han reelaborado un slogan oficial: ‘Turismo, tarea de todos, beneficio de pocos’", refiere Benavente.

 
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Protesta. La conservación del patrimonio cultural moviliza a toda la sociedad cusqueña.
 
Esa percepción se hace más evidente en el día a día. Una caminata por la Plaza de Armas y su alrededores permite descubrir nuevos hoteles y restaurantes pensados exclusivamente para el turismo de élite, con cartas en diferentes idiomas, con la mayor diversidad gastronómica, con un buen servicio, pero con precios que espantan a cualquier cusqueño (o limeño) de clase media.

El centro del Cusco se va quedando sin cusqueños. Las veredas lucen tomadas por los turistas, y los lugareños –la gente de a pie– parecen cada día más ignorados en el corazón de su propia ciudad.

Visto desde afuera podría parecer una exquisitez, pero para quienes han vivido aquí toda su vida, la cotidiana hospitalidad que ofrecen al foráneo no tiene ninguna retribución. Solo basta ver cómo los turistas disfrutan y unos pocos ganan mucho, muchísimo dinero.

La conservación de su patrimonio cultural es un tema vital para los cusqueños. Pero el gobierno central, en Lima, tiene una posición que no comparte el gobierno regional, en el Cusco.

Ejemplos hay por montones. El más reciente fue la Ley Bruce (29164) que promueve la concesión de zonas aledañas a sitios arqueológicos para la instalación de hoteles de 4 y 5 estrellas y restaurantes de 4 y 5 tenedores. La aprobación del proyecto en primera votación data de mediados del 2007 y se hizo sin consultar a los gobiernos regionales. Una marcha multitudinaria del Cusco logró que el proyecto sea reformulado por la Comisión del Turismo, sin tomar, otra vez, en cuenta a las regiones. El resultado fueron los paros y marchas que desde hace dos semanas se viven en la región.

Pero el gobierno sigue ignorando al Cusco. La Dirección General de Aeronáutica del Ministerio de Transportes autorizó hace poco el reinicio de los vuelos de la empresa Heli Cusco hasta la zona de El Rocotal, ubicado dentro del parque arqueológico de Machu Picchu. Esta decisión, de la cual las autoridades regionales y locales se enteraron el lunes pasado, cuando vieron los helicópteros sobre la ciudad, desconoce lo dispuesto por la Unidad de Gestión de Machu Picchu, instancia nacional y regional única que gestiona el complejo arqueológico y que ha establecido un límite para los vuelos de helicóptero: estos solo deberían llegar a 15 kilómetros del parque, es decir, hasta el distrito de Santa Teresa.

SÍ A LA INVERSIÓN

Benavente aclara un mito que algunos medios y periodistas repiten en Lima: que los cusqueños miren con desconfianza la inversión privada, no significa que la rechacen. Lo que se busca –dice Benavente– es un modelo de desarrollo turístico inclusivo, un modelo en el que las grandes empresas se articulen con las pequeñas y dinamicen la economía regional.

 
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Gringos como cancha. En la Plaza de Armas o en la ruta ferroviaria a Machu Picchu.
 
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"Responsabilidad social significa que, del beneficio que obtienen las grandes empresas, se invierta en otras actividades, se haga negocios con otras empresas de la región. Solo de ese modo el turismo tendrá un impacto positivo en el entorno inmediato. Ahora hay algunas experiencias, pero no es suficiente, debemos multiplicarlas", precisa.

Alberto Delgado, economista y experto en políticas de lucha contra la pobreza, asegura que la responsabilidad social no atenta contra las ganancias; por el contrario, las consolida y legitima ante la sociedad.

"Desde 1994 se registra un crecimiento sostenido del turismo, eso debería generar oportunidades y beneficios reales para todos, pero no es así. Hay un forado de pobreza muy grande en la región", advierte.

Si bien el aporte de la minería y los hidrocarburos al presupuesto público de la región es mayor, esta contribución no llega directamente al poblador. Todo lo contrario sucede con el turismo. Esta actividad genera un encadenamiento económico más directo con la población.

"Ahora lo vemos en las provincias de Urubamba, Cusco y Calca, tres de las trece provincias del Cusco. ¿Y las otras qué? No es que estemos en contra de la inversión privada, lo que proponemos a esta es que asuma un compromiso social con el entorno donde desarrolla sus negocios para que sean aceptados por la población", afirma.

Para cambiar el modelo de desarrollo turístico, Delgado plantea discutir con transparencia los beneficios que este sector genera para la empresa privada y el gobierno central y la región, de igual modo dejar de lado la indiferencia estatal y poner los ojos sobre el monopolio que se ha tendido sobre los vuelos aéreos, la línea férrea y los hoteles para el turismo de élite.

Para Roger Valencia, vicepresidente de la Cámara de Turismo del Cusco, en su sector hay empresas buenas y malas. Y eso no tiene por qué invalidar la inversión privada ni generar desencuentros entre la inversión y conservación del patrimonio.

Si el consenso para ese nuevo modelo turístico se lograra en la región, Alberto Delgado está convencido de que se habría dado un paso importante para lograr un crecimiento donde todos ganen. Y es que el turismo, que crece a ritmo de 20% cada año, podría impulsar el desarrollo productivo de la región.

Solo así se podrán cambiar las dramáticas estadísticas de la región donde está ubicada una de las Siete Maravillas del Mundo: El 51% de su población vive en situación de extrema pobreza, hay 23% de analfabetismo, 45% de los niños sufre de desnutrición crónica y el 30% de la población carece de servicios de electricidad, agua y desagüe.

El otro lado de la moneda, aquel que nutre la visión ficticia de algunos analistas limeños, es el Cusco de las postales, los pubs y las fotos del recuerdo. La Plaza de Armas con la Catedral y la Compañía de Jesús imponentes, Machu Picchu maravilloso, los breakfast en los carteles de los restaurantes, laundry y drugstores en las calles de la ciudad. Esa postal es linda, pero a partir de lo que ve en ella es muy poco serio establecer cuál es la realidad del Cusco.

 
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