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Mirko Lauer
Docena y media de presidentes regionales se han lanzado contra la ley que exige al Estado contratar primero al maestro mejor calificado en su proceso de formación. Este gesto habla de la enorme influencia del Sutep en todo el interior del país, y de la intrínseca debilidad de estos políticos frente a dicho sindicato.
El Sutep rechaza la idea de contratar solo al tercio superior de los maestros egresados porque es un sindicato, y su obligación es defender a todos sus afiliados por igual. En cuanto sindicato además se mueve por asambleas, y es así que el 66% con las calificaciones más bajas siempre pesará más a la hora de votar que la élite académica.
Además para un sindicato manejado por partidos políticos la idea de un criterio legal rígido para el ingreso de maestros a la planilla de un Estado también manejado por partidos políticos significa un obvio recorte de poder. Mejor dejar que las cosas sigan fluyendo por los asolapados cauces de la informalidad.
Pero la obligación de los administradores no es contratar personal sin fijarse en sus calificaciones. Al contrario, su obligación es conseguir a los mejores. Un método es el concurso. Otro es tomar en cuenta las notas obtenidas en el curso de los estudios. Métodos practicados con provecho hasta en la China de Mao Tsetung.
Los 16 presidentes regionales hablan de igualdad de oportunidades. Pero la posibilidad de estudiar para ser maestro y concluir esos estudios es precisamente la oportunidad de la que se está hablando, y en eso ella es igual para todos los estudiantes. Si quieren mejorar las oportunidades, que mejoren la calidad de esa educación.
Los presidentes regionales parecen estar contra la idea misma del mérito como criterio de selección. Algunos ven en ella el origen de toda desigualdad social. Acaso la idea les huela, con toda razón, a liberalismo. Pero peor huelen las contrataciones en base al dinero, la militancia, la popularidad, el parentesco, o la simple compadrería.
Habría que preguntarles a estos presidentes en base a qué criterios han hecho las contrataciones en lo que va de su gestión. Mejor todavía, habría que preguntarles a los que no fueron contratados. La calidad de los estudios y el logro académico siguen siendo de los mejores criterios para escoger, incluso candidatos a cargos electivos.
Quizás la dureza del planteamiento meritocrático podría suavizarse haciendo de la norma del tercio superior un sistema de precedencia y no de excusión, o dejando al 66% restante concursar por un moderado porcentaje de los puestos. Pero debe ser mantenido el principio del mérito, una de las pocas defensas del individuo frente a los aparatos organizados. |