|
Mirko Lauer
Noviembre ya va siendo el mes de una nueva ola de protestas, ahora en torno de un paro nacional convocado por la CGTP para el próximo jueves ocho. Los paros y movilizaciones de médicos, catedráticos, cocaleros y otros en estos días funcionan como una suerte de víspera del paro nacional, en el que la oposición de izquierda tiene puestas grandes esperanzas.
Sin embargo una ola anterior, y algo parecida, en julio pasado tuvo pocos resultados. Afectó a Alan García en las encuestas y le inspiró un discurso de resonancias autocríticas, pero poco más. Habría que estudiar si el aumento de S/.50 a la remuneración mínima vital fue una respuesta a aquellas protestas.
Podría ser que el secreto esté en producir una acumulación de olas hasta lograr algo. Es cierto que los voceros del gobierno en el tema están enfrentando por adelantado a esta ola con más vehemencia que a la anterior. Eso puede ser porque le temen más, o solo porque, comprensiblemente, no quieren olas sociales de ese tipo.
La CGTP mantiene de tiempo atrás una estrategia de acumulación de fuerza que consiste en actuar como paraguas de reclamos que van mucho más allá de su membresía sindical propiamente dicha. Una suerte de frente de los descontentos y las protestas que se van acumulando, y que el gobierno no tiene cómo desactivar.
La protesta bajo Alejandro Toledo fue dispersa, determinada por la microgeografía económica, puntual y pragmática. A pesar de que gobierno y política económica eran muy parecidos a los de hoy, el intento que hizo la CGTP de articular esa protesta en una movilización nacional (con las simpatías del Apra) no funcionó.
¿Qué es lo que cambió al grado de permitir la ola de protesta de julio y las esperanzas de noviembre? Una explicación es que la revolución de expectativas criada por los éxitos macroeconómicos está concluyendo en una maduración de impaciencias. Estas van desde la región que no ve proyectos o su concreción, hasta el asalariado que no ve una mejora.
¿Paro nacional político, como dice la ministra de Trabajo? Por supuesto que sí. Siempre lo son. Así como el de la CGTP en el 2004 fue apoyado por el aprismo, este paro del 2007 nace con el apoyo del humalismo y otras fuerzas políticas cuyo obligado objetivo es despintar al partido de gobierno desde la izquierda.
Es importante advertir el carácter recurrente de esta nueva ola. Cocaleros, catedráticos, profesores, y otros gremios vienen protestando desde la primera hora. Lo distinto en esta oportunidad es la ausencia de una constelación de paros regionales. Lo nuevo es un corte mucho más claramente sindical. |