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sábado, 06 de octubre de 2007 |
Mirko Lauer
Una revista de sátira en la red llamada TheSpoof.com afirma que el famoso meteorito puneño fue visto alzando vuelo para regresar de donde vino, lo cual demostraría, se afirma, que fue en realidad un OVNI desencaminado. Como broma no es gran cosa, pero apunta a un hecho que parece cierto: el meteorito ha volado, y rápido, hacia las manos de un coleccionista extranjero.
Lo cual es una lástima, pues los circunvecinos del cráter anegado que todos hemos visto en fotos dicen haber tenido esperanzas de montar una suerte de museo de sitio con un recurso literalmente caído del cielo sobre la puna. Ahora eso se acabó gracias a que policías y pobladores remataron alegremente esos fragmentos de futuro turístico al primero que les ofreció compra.
Los policías habían sido convocados precisamente para proteger el meteorito (lo siguen protegiendo, leo, aun ahora que ya no está). Ahora el coleccionista, que no parece tener mayor problema de conciencia, los acusa de estar entre los rematadores. Nos recuerda esa declaración de la ex ministra Pilar Mazzetti sobre un 20% de corrupción constatable en la policía. De eso ya no se habla. ¿O sí?
Lo que empieza a estar claro es que el cuerpo celeste que inicialmente produjo entre la gente de Chucuito algunas náuseas y mareos no ha afectado hasta donde sabemos ni a los vendedores ni al coleccionista. Lo cual podría estar demostrando que nada es más curativo que un buen negocio (más o menos de US$100 a US$2,000 por cierto tipo de fragmento de meteorito).
¿Es legal la compra del coleccionista? Existe una frondosa jurisprudencia sobre propiedad de objetos caídos del cielo (incluso satélites espías, como afirma Pravda que ha ocurrido en este caso). La norma es que al que le cae encima tiene ciertos derechos. Pero como en el caso de los huacos incaicos de Yale, aquí hay que preguntarse si el objeto vale el esfuerzo de rescatarlo.
Mientras se discute si la compra/venta es legal o no, resulta evidente que la enajenación ha sido dañina. Los científicos peruanos pierden un objeto de estudio (el saqueo inicial de Sipán recién descubierto debió alertarlos). Los pobladores de Chucuito se quedan con un cráter anegado y vacío, y una historia más bien triste, que no va a atraer a ningún turista.
Hasta aquí lo del meteorito parece una historia banal. Pero si miramos un poco las turbiedades que se advierten cráter adentro, advertiremos que la pérdida del patrimonio nacional a manos de visitantes más vivos, ayudados por compatriotas felipillescos, es una historia antigua y frecuente. Por desgracia no siempre protagoniza un modesto meteorito. |