|
Mirko Lauer
Alejandro Toledo acaba de pasar por Lima sin mucho estruendo, esto último a pesar suyo. Sin embargo algunos acontecimientos recientes sugieren que el país debería parar la oreja un poco más, pues Toledo es sin duda alguna un precandidato con posibilidades, en esta etapa ubicado dentro del asolapado estilo Fernando Belaunde de campaña temprana en media estación.
Hoy Toledo está cronometrando y dosificando sus apariciones por Lima, en un estilo que resulta discreto si se le contrasta con la gritería política ambiente, y que lo beneficia. Hay un evidente cuidado de la imagen presidencial, que incluye tomarse fotos con partes de sus antiguos gabinetes ministeriales.
Frente a las teorías que cultivan la idea de que el 2011 será de confrontación radical entre un candidato chavista recargado y uno de extrema derecha crispada, Toledo evoca la posibilidad de un contrapeso a cualquiera de esas dos opciones. Sería un candidato eficaz para producir un país más o menos despolarizado.
El 30% de aprobación al que rebotó en los últimos meses de su presidencia le dejó un tono optimista de salvado por la campana (que debe ser útil para dar conferencias). Es cierto que administró mal su partida y eso le costó quedarse con un solo congresista. Pero parece que en el partido nadie se lo reprocha: PP ya no tiene cismáticos o disidentes que se sepa.
Todavía es temprano para hacer pronósticos al 2011. Pero la ausencia de García y de Fujimori en ese escenario raya la cancha de cierta manera, y sugiere que entonces será importante una de esas coaliciones abarcadoras centro-derecha/centro-izquierda que FBT pudo armar en dos oportunidades, y que el propio Toledo armó en el paso del 2000 al 2001.
Pero a diferencia de 1963 y 1980, los años de FBT, en el 2011 CD/CI será un espacio con competidores. Si en un momento Lourdes Flores hubiera dado un paso más hacia lo popular organizado, probablemente le hubiera ido algo mejor. Luego está Luis Castañeda, que ya no sabe qué hacer con toda la aprobación ciudadana que lleva sobre los hombros.
Las mayores ventajas competitivas de Toledo son: ser ex presidente, cinco años de crecimiento macroeconómico sostenido, desgaste cero en el Congreso, y algunas políticas que este gobierno mantiene. Su mayor debilidad para las tareas que se le vienen acaso sea un sentido argollero de la alianza política.
Su otra debilidad acaso sea que al no tener partido ni domicilio en el Perú, Toledo aterrizará en una campaña sin haber participado en las ilustrativas tareas políticas de este quinquenio. Debería visitarnos más y contarnos menos. Unas fotos por el territorio nacional podrían hacer verdaderos milagros. |