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Federico Salazar.
El oficialismo celebra la aprobación de la Ley de Carrera Pública Magisterial. Dice que es un avance. El Sutep, por su lado, cree que es un agravio contra el magisterio y que abre las puertas al despido masivo. Ambos se equivocan.
La norma aprobada en la Comisión Permanente del Congreso establece evaluaciones cada tres años. A la tercera falla, salen de carrera.
La norma propiciará despidos en la medida en que los maestros reprueben. Sabemos que el nivel de muchos maestros no es óptimo. Se entiende, entonces, por qué el Sutep se preocupa por los despidos.
Si el gobierno realmente quiere ayudar a resolver el problema del esquema centralista de la educación peruana, debe empezar por la capacitación. Ahí deben estar puestos los mayores esfuerzos, mucho, pero mucho, antes de la evaluación.
La calidad de la enseñanza, por otro lado, es muy difícil de medir en un examen. ¿Puede una prueba escrita revelarme cuán estimulante es un buen profesor? ¿Puede un papel escrito sacar a la luz el liderazgo moral que debe crear un maestro?
Las evaluaciones en las que se ha centrado el debate son mediciones de conocimiento. El conocimiento es parte de la enseñanza, pero no es lo más importante. Lo más importante es lo que un profesor puede crear en sus alumnos.
El conocimiento se hace obsoleto muy rápidamente. Lo que siempre sirve, en cambio, es el espíritu crítico, el apetito de saber, las ansias de la investigación. Eso es lo que, finalmente, debe crear un maestro en sus discípulos.
Y eso, ¿cómo se mide? ¿Se puede evaluar en un examen escrito? No lo creo. Discutir sobre ello es por eso una pérdida de tiempo.
El mecanismo adecuado para sacar lo mejor de cada quien ante los demás es la competencia. La competencia no se reduce a la privatización. Hay que introducir mecanismos de competencia dentro de la carrera magisterial.
No hay competencia, por supuesto, sin aliciente. Las remuneraciones por escalafón, ¿son acaso estimulantes? ¿Puede ver un maestro su carrera como un medio para lograr bienestar y mejora personal?
Mientras eso no suceda, nada cambiará esencialmente en la educación peruana. Seguirán los gobiernos dando leyes y haciendo evaluaciones. Seguirán los sindicatos haciendo huelgas y protestas. Y nada cambiará.
La carrera magisterial debería ser una carrera de verdad.
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