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Jueves, 11 de Marzo 2010
Preparados para la guerra
lunes, 18 de junio de 2007

• 25 periodistas participaron del primer Curso de Corresponsales de Defensa • Crónica de una experiencia que nuestros enviados, adoloridos y cansados, aún no olvidan.

Luigi Faura, enviado especial.

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Escribo estas líneas entumecido de dolor y agotado física y mentalmente. Mis cabellos no se mueven por falta de higiene y ni hablar de las ampollas en mis pies, los arañones y moretones en brazos, piernas, los callos de mis manos y este dolor de espalda que me obliga a escribir echado este reportaje.

Seis días compartiendo y entrenando con los soldados de las tres armas del país me han recordado que ya no tengo 15 años y que, si no empiezo a ejercitarme, lo más probable es que no dure ni quince minutos en la línea de fuego, que es para lo que un grupo de 25 periodistas hemos participado por casi una semana del primer Curso de Corresponsales de Defensa organizado precisamente por ese ministerio.

Aunque, valgan verdades, tal como señaló el cachaciento comandante general del Ejército, general Edwin Donayre, tras hacernos participar de explosiones y demostraciones de valor apenas ingresamos a la Brigada de Fuerzas Especiales (Brife), en Chorrillos: "Esto no es una corresponsalía de Defensa, ustedes van a salir de acá como corresponsales de guerra", nos amenazó sonriente el estrambótico general ayacuchano. Y tenía razón.

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Periodistas participantes en el Curso de Corresponsales de Defensa 2007. Pasaron por diversas pruebas para aprender a enfrentar situaciones de conflicto armado. De izquierda a derecha, Luigi Faura (cuarto, de pie) y Marco del Río (con lentes oscuros), periodista y reportero gráfico de esta casa.

Ya para el cuarto día de entrenamiento a nadie se le ocurría entonar la salsa que fue nuestro himno desde el inicio del curso, y que marcaba nuestro ánimo alegórico y desenfadado. El "en tiempo de guerra ponte tu casco... para estar preparado... por si caminas, en campo minado" fue reemplazado por un ¡puta madre, no nos dejan ni ir al baño! Ya a nadie se le ocurría fastidiar a los comandos cuando hablaban de "matar al enemigo que mata a mi Perú" con el impertinente "como en los 80", aludiendo a los excesos en que cayó la guerra interna contra Sendero Luminoso.

Seis días de entrenamiento en los que dos veces nos secuestraron de madrugada los "terrucos", nos encapucharon e insultaron; jornadas en las que nos hicieron saltar de un zodiac a toda velocidad, a las seis de la mañana, en las frías aguas de Ancón donde a la noche tuvimos que saltar sobre fuego, simulando un accidente aéreo. Casi una semana en la que se dedicaron a importunarnos el sueño a punta de explosiones, ráfagas de bala y gases que hacen llorar; largas caminatas cargando la mochila de campaña para encontrar, con una brújula, un objetivo oculto por la oscuridad de la noche y la informidad de una quebrada. Días cargados de adrenalina que nos permitieron disparar pistolas, fusiles y hasta el cañón de un tanque de guerra.

Entrenar y convivir con los soldados nos hizo comprender, in situ, que no todo combatiente con 10 balas en el cuerpo o con una bala en la cabeza ha sido ejecutado extrajudicialmente y que en la guerra, durante el enfrentamiento, la consigna es ‘cero heridos’, pues "los terroristas heridos también matan". Y lógica no les falta.

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Juegos de guerra. Los periodistas enfrentaron el peligro y el miedo en el curso: aprendieron a escapar del fuego, enfrentar un "secuestro" terrorista, bajar con sogas por una pared y hasta acompañar una operación armada a lo "Chavín de Huántar".

Seis días en los que también pudimos conocer, a punta de powerpoints, la organización, estructura y jerarquías de la Marina de Guerra, de la Fuerza Aérea y del Ejército Peruano.

Y los miembros de la Oficialía Mayor de las tres armas nos recibieron en sus principales bases –es decir, donde viven y entrenan–, y pudimos constatar sus carencias y dificultades. Porque si a la FAP le sobran los MIG-29, solo dos están operativos. Si a los marinos les sobra preparación e inteligencia, les falta logística y recursos. Y si a los soldados del Ejército les sobran huevos y valor, les falta de todo. Desde buena alimentación pasando por uniformes y botas hasta llegar a salarios decentes. No es un secreto que el nuestro es el ejército con menos recursos de la región y sus soldados, por consiguiente, los peor pagados. Pero no se quejan. Entrenan y el doble. Pensando en la gloria de sacrificar su vida por la patria, por el Perú, donde viven sus familias y compatriotas.

En fin, seis días en que se nos permitió vivir como soldados, participando de sus adrenalínicos entrenamientos –el salto al vacío desde una torre fue el non plus ultra– y sufriendo sus falencias. Terminó el curso hace unas horas y nos vamos agradecidos, comprendiendo mejor a quienes cuidan nuestro territorio y dispuestos a enfundarnos botas y mochilas para acompañarlos a las zonas de emergencia, sudando junto a ellos y arriesgando nuestras vidas como ellos lo hacen cada vez que las papas queman.

Escribo estas líneas entumecido de dolor, echado, y agotado física y mentalmente. Pero dormiré esta noche, como hace tiempo no lo hacía, a pierna tendida y con la moral en alto. ¡Viva el Perú, comando!

 
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