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Domingo, 05 de Julio 2009
Hubo conspiración para descabezar a la Dirección de Inteligencia de la Marina

• La difusión de la venta de documentos reservados de la Marina se produjo cuando Dintemar detectó a cuatro sospechosos de filtrar información clasificada a empresas de seguridad.

Ángel Páez. Unidad de Investigación.

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Fuera de circulación. Arriba, el
ex jefe de la Dintemar contralmirante Luis Chumbiauca, y abajo, el capitán de corbeta Carlos Barba: por orden del primero, el segundo sometió a detector de mentiras a varios efectivos del organismo.

Fernando O’Phelan Pérez, el hombre que repartió a cuatro medios de comunicación los correos electrónicos que supuestamente prueban el tráfico de información clasificada de la Marina, ha dicho que su intención era destapar una red constituida por oficiales de la institución naval y empresas privadas de seguridad que lucraban con documentos de inteligencia. Al ser preguntado si sabía qué estaba pasando en el interior de la Dirección de Inteligencia de la Marina (Dintemar) cuando decidió filtrar a la prensa el material sobre el caso, respondió que no estaba enterado. La Dintemar estaba sometiendo al detector de mentiras a un grupo de oficiales y subalternos de la dependencia, bajo la sospecha de que alquilaban equipos de rastreo electrónico y vendían información reservada a compañías de seguridad.

Cuatro no pasaron la prueba.

Con la divulgación del material preparado por O’Phelan, la fiscalización interna se frustró y los principales responsables del operativo fueron separados, mientras que los agentes continúan en sus puestos en la Dintemar. De haber continuado la indagación, se podría haber identificado a las empresas que pagaban por los equipos y por la información de inteligencia.

De acuerdo con fuentes de la Comisión de Inteligencia del Congreso, del despacho de la fiscal encargada del caso, Mirtha Chenguayén Guevara, y de la propia institución castrense, el jefe de la Dintemar, contralmirante AP Luis Chumbiauca Muñante, en marzo de este año recibió información de que efectivos de inteligencia estaban negociando con equipos y documentación de la entidad. Delegó al capitán de corbeta AP Carlos Barba Daza, el único oficial de Marina con acreditación de poligrafista, que sometiera al detector de mentiras a una veintena de efectivos. La mayoría de ellos laboraba en las oficinas de Tráfico y de Diseminación.

Demasiada coincidencia

Cuando habían virtualmente terminado con el primer grupo de sospechosos, y se determinó que cuatro de ellos al parecer tenían responsabilidad, una nueva información llegó a la Marina. A principios de abril, Carlos Barba, que hacía trabajos eventuales de poligrafía para la compañía Andrick Service, recibió un comentario del gerente general, el capitán de fragata AP (r) Erick Del Águila Villar: estaba por publicarse en algún medio de comunicación correos electrónicos que supuestamente probaban que personal de la Dintemar traficaba con información de inteligencia.

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Barba informó a Chumbiaca y este convocó a los oficiales más cercanos a su despacho, el subdirector de la Dintemar, el capitán de navío AP Juan Quesada Chiarella; el jefe de Contrainteligencia, el capitán de navío Luis Martínez Enríquez. Y Barba. Chumbiauca les preguntó en directo: "¿Alguno de ustedes está metido en el problema? Mejor hablen ahora". Todos lo negaron. Confiado, Chumbiauca ordenó que se continuara con la operación interna para detectar la fuga de información y el supuesto alquiler de los equipos de detección de espionaje telefónico. Pero no avanzó demasiado: a mediados de abril, O’Phelan ya había repartido a los medios de comunicación los paquetes con los correos electrónicos que casi en simultáneo señalaron a Barba como el presunto cabecilla de la organización de traficantes.

Paso en falso

Al principio el propio Barba contribuyó a que se consolidara la versión de la existencia de una organización de agentes de la Dintemar que vendía documentos secretos: mintió al comandante general de la Marina, almirante AP Eduardo Darcourt Adrianzén, y a su jefe, el contralmirante AP Luis Chumbiauca. Les dijo que no trabajaba para las empresas privadas Andrick Service y el Grupo Atenea. Barba no sabía que el material que había distribuido a la prensa Fernando O’Phelan eran sus correos electrónicos remitidos a Andrick y Atenea. Cuando decidió admitir que trabajaba de vez en cuando para las dos firmas, en sus jefes y en la opinión pública ya se había instalado la convicción de que él era responsable del tráfico de información clasificada.

En declaraciones ante la Comisión de Inteligencia del Congreso, la fiscal Martha Chenguayén y la Inspectoría de la Marina, el capitán de corbeta Carlos Barba y otros efectivos de la institución naval citados como testigos han confirmado que en la Dintemar se estaba investigando la fuga de información y el presunto alquiler de equipos de rastreo electrónico. Y que ya habían avanzado el trabajo cuando los medios de comunicación publicaron los correos electrónicos y documentos que entregó O’Phelan. El escándalo mediático se llevó de encuentro no sólo a Barba, sino también al contralmirante Chumbiaca y a los capitanes de navío Quesada y Martínez, lo que implicó la desactivación del operativo. Los sospechosos de formar parte de una red de vendedores de material de inteligencia se salvaron y siguen en la Dintemar.

Golpe bajo

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No es casual la relación de Fernando O’Phelan con Forza S.A.

Lo que consolida la hipótesis de que existió una conspiración para derrumbar la investigación iniciada por el contralmirante Chumbiauca, cuya finalidad era identificar a los agentes implicados y a las empresas involucradas, es que buena parte de la información que leentregaron a Fernando O’Phelan presuntamente fue obtenida en las instalaciones de la Dintemar y luego modificada para ser entregada a la prensa: a los correos electrónicos originales se le "plantaron" documentos de inteligencia que nunca fueron enviados o recibidos.

Un peritaje de la Inspectoría de la Marina a 280 comunicaciones por correo electrónico de Carlos Barba no ha encontrado indicios de tráfico de información clasificada. Incluso se solicitó al agregado naval de la embajada de los Estados Unidos en Lima que contribuyera con un software para recuperar la información de la computadora de Barba, cuya memoria fue supuestamente borrada cuando estalló el escándalo. Tampoco se halló evidencias de apropiación de documentos clasificados. Como ha reportado este diario, por el contrario se ha descubierto que hay material fabricado que ha sido atribuido falsamente a los agentes de Dintemar. Por ejemplo, un informe sobre subversión del año 2001 al que se le ha cambiado la fecha por 2006.

O’Phelan, un abogado experto en temas de reforma judicial y sin ninguna experiencia en materia de inteligencia, confirmó a La República que distribuyó los correos electrónicos a la prensa. También aceptó que le informó de los mismos al presidente de Forza S.A., el capitán de navío AP (r) Wilson Gómez Barrios Rincón. El empresario no solo es amigo de O’Phelan sino también ha financiado algunas actividades de la asociación civil Pro Justicia, cuyo presidente es precisamente O’Phelan. Gómez Barrios ha negado cualquier relación con el caso de los correos electrónicos.

Búsqueda a fondo

La sospecha de que la empresa de Gómez Barrios estaría detrás de la conspiración que sepultó la investigación interna en la Dintemar, impulsó al capitán de corbeta Carlos Barba a buscarlo para confrontarlo. Lo ubicó en su despacho de Forza. Gómez Barrios le negó algún tipo de participación, aunque aceptó que se enteró de la existencia de los correos electrónicos en marzo. Y le dijo además que las empresas Andrick y Atenea no eran competidoras de la suya porque se dedicaban a rubros distintos, por lo tanto no tenía sentido afectarlas. Pero Barba no quedó tranquilo.

Gómez Barrios comunicó a La República que no daría declaraciones porque el directorio de su compañía se lo ha prohibido. Con la experiencia en materia de seguridad e inteligencia, el presidente de Forza bien pudo haber entregado la información que le dio Fernando O’Phelan a las autoridades para que formalizaran una indagación.

Esperó sentado que estallara en la televisión.

En esta semana se daría a conocer el informe del Consejo de Investigación de la Marina ante el que se sometió Carlos Barba. Según fuentes navales, todavía no se le acredita al oficial haber intervenido en el presunto tráfico de información de inteligencia. Lo que sí se ha establecido es que dentro de la Dintemar hay un grupo de agentes que intervinieron en la conspiración para expulsar a los oficiales que llevaban adelante la investigación sobre fuga de documentos reservados y alquiler de equipos de barrido electrónico.

No falta mucho para conocer la identidad de los conspiradores.

Claves

NÚMERO. En la Dintemar laboran unos 400 efectivos, dispersos en distintos puntos del país.

INGRESO. En setiembre de 2006, el capitán de corbeta Carlos Barba Daza empezó a laborar en la Dintemar. Los correos que se le atribuyen son de noviembre de ese mismo año.

ESPECIALIDAD. Barba recibió preparación en polígrafo en Colombia. Y se aprestaba a participar en México en una reunión de expertos en la materia. Era el brazo derecho del defenestrado Chumbiauca.


En febrero ya circulaba versión de e-mails

En febrero de este año, directivos de la compañía Andrick captaron por primera vez, de fuentes en la Comisión de Inteligencia del Congreso, la versión de la existencia de un complot contra la empresa. De acuerdo con los datos obtenidos, se trataba de correos electrónicos en los que supuestamente se hacía referencia al alquiler del polígrafo de la Dirección de Inteligencia de la Marina (Dintemar) a Andrick. En principio desestimaron el dato porque la compañía tiene su propio polígrafo.

El remitente de los correos era el gerente general de Andrick,Erick Del Águila Villar, y el destinatario el capitán de corbeta Carlos Barba Daza. Los correos después aparecerían en el paquete de documentos que Fernando O’Phelan repartió a los medios de comunicación.

La investigación que quedó interrumpida debido a la salida del contralmirante Luis Chumbiauca Muñante ha sido retomada, de acuerdo con fuentes navales.

 
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