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Constantino Carvallo.
Los jueves o viernes, a eso de las tres de la mañana, la bulla en la avenida Grau de Barranco se vuelve insoportable. Gritos, botellas que se rompen contra el piso, voces violentas de muchachitos, ulular de carros de la Policía. A veces salgo a mirar, como otros curiosos insomnes. La PNP apenas interviene mientras un par de bandas de adolescentes se insultan y agreden. Me sorprende la edad de estos chicos. Niñas de 13 o 14, bien pintadas, bien erotizadas. Y los jóvenes no tienen todavía la mayoría de edad. Son escolares de civil, jugando con fuego, bailando los ritos del macho, en plena calle, con cuchillos y con las neuronas remojadas en ron. Salen de la discoteca Noctambul, campeona de los recursos de amparo.
Me pregunto por sus padres y si estos saben dónde se encuentran sus hijos. Y cómo es que el Estado, el alcalde, el comisario, no hacen nada para impedir esta venta de alcohol y esta sobreoferta de drogas a la juventud. Hoy se propone, dentro de la delegación de facultades que ha pedido el Ejecutivo, modificar los códigos para poder mandar a la cárcel a partir de los 16 años. ¿Es la solución? ¿Qué van a aprender encerrados en esos lugares infernales donde sus maestros, sus padres sustitutos, serán expertos en delinquir? La raíz está en otra parte. La Unesco y la GTZ han publicado un estudio sobre condiciones de trabajo y salud del docente. Como parte de la investigación se interroga a maestros sobre las condiciones sociales de su trabajo, sobre las dificultades que presenta la tarea de educar. La prioridad, el principal problema que los maestros consideran que afecta el cumplimiento de los objetivos pedagógicos no es la pobreza. Son el abandono de los padres y la violencia intrafamiliar. Los padres no cuidan a sus hijos, no los acompañan, los dejan crecer en el desamparo y la violencia oscurece el clima familiar.
La investigación Niños del Milenio, en su informe preliminar sobre el Perú, encuentra que el 50% de las familias encuestadas carecen de padre y que entre quienes cuidan a los niños un 30% presenta trastornos mentales y existe además significativa depresión materna. El 25% de las personas al cuidado de los niños reportó que su pareja bebía alcohol al menos una vez a la semana. "En la gran mayoría de los hogares en los que la pareja bebe (85%), la persona al cuidado del niño/a reportó que lo hacía hasta embriagarse y un tercio de estas que eran golpeadas por sus parejas en estado de ebriedad".
D.W.Winnicott escribió un texto fundamental: "Deprivación y delincuencia". Hoy los estudios sobre el apego confirman este vínculo entre carencia temprana de cuidados y delincuencia juvenil. Quizá más que pensar en encerrar a nuestros adolescentes debiéramos incrementar las sanciones para quienes les venden alcohol o drogas o para los canales de TV, prensa, kioscos, cabinas, escuelas que les ofrecen también veneno moral. Y luchar, con la ley, para que el primer deber del ciudadano, por encima de la puntualidad, sea amar y cuidar a los hijos. La raíz de la violencia juvenil, de su apatía y de su agresividad, está en el trato que les damos en la familia y en la sociedad. Y es peligroso descuidarlos así. |