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Martes, 06 de Enero 2009
FARC ingresaron a tres poblados peruanos en lo que va del 2006

PROMUEVEN EL CULTIVO DE HOJA DE COCA • Guerrilla colombiana ha conseguido que el área de cultivos ilegales se duplique en el Putumayo • Cuentan con una red de colaboradores peruanos que opera en Iquitos • Sus cómplices también los ayudan a comprar armas.

Por Sheilla Díaz y Emilio Camacho.
Foto: Archivo.

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Una de las localidades adonde ingresaron las FARC.

Hace cuatro días el ministro de Defensa Allan Wagner Tizón aclaró las denuncias sobre un supuesto ingreso de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) a territorio peruano. En entrevista con este diario, Wagner negó que la guerrilla colombiana desarrolle actividad militar en suelo peruano, pero confirmó que sus miembros alientan el cultivo de hoja de coca en el Putumayo. Es decir, cruzan la frontera con Colombia para asegurar los insumos que necesita el narcotráfico y, en algunas ocasiones, para obtener apoyo médico y logístico.

Información exclusiva obtenida por La República confirma la versión del ministro. De acuerdo con fuentes militares, en este año las FARC ingresaron a las localidades peruanas de Lupita, Libertad y Puerto Esperanza, todas ellas ubicadas cerca de Güeppi, en el Alto Putumayo.

Los miembros de las FARC que se han desplazado por estas localidades pertenecen al Frente 63, una de las 70 columnas que mantiene activa en su país la guerrilla colombiana.

Para no despertar sospechas, los guerrilleros cruzaron la frontera peruana en grupos de seis a siete personas, y por lo general sin sus clásicos uniformes de campaña: los de las boinas negras y la hombrera izquierda con la bandera colombiana.

Cómplices en Iquitos

Sus objetivos son diversos. Por lo general llegan a nuestro territorio para abastecerse, curar a sus enfermos, traficar con armas y –como lo dijo el ministro Wagner–promover el cultivo de hoja de coca e incrementar su red de colaboradores.

El centro de operaciones de los cómplices peruanos de las FARC no es la accidentada frontera con Colombia, sino el centro urbano más grande de nuestra amazonía: la ciudad de Iquitos. Desde este lugar y con el dinero de las FARC, los colaboradores de la guerrilla controlan el creciente negocio de la hoja de coca. Su actividad no es insignificante. Por el contrario, los aliados peruanos de las FARC son responsables del considerable incremento de las plantaciones de hoja de coca al norte de Loreto. Hasta el año pasado –de acuerdo con nuestras fuentes– existían 1,500 hectáreas sembradas con hoja de coca en el Putumayo, los que se han duplicado ahora y ya alcanzan las 3,050 hectáreas. Las zonas en las que se concentran los cultivos ilegales son conocidas por personal militar como Sector Putumayo (750 hectáreas), Sector Napo (1,000 hectáreas) y Sector Erene (1,300 hectáreas).

Pero los colaboradores de las FARC también cumplen otra misión: tratan de comprar armamento y munición de las unidades militares que el Perú tiene al norte de Loreto. Hechos recientes, como el robo de pertrechos del polvorín del ejército en Ica, confirmarían que existe una red dedicada a abastecer de armas a las FARC.

Vigilancia limitada

En los últimos años, la mayoría de ingresos de las FARC han ocurrido entre la línea que une Güeppi y El Estrecho, ambos puntos ubicados en la línea de frontera con Colombia. En esta área las fuerzas del orden tienen una presencia reducida. El ejército tiene instalados tres puestos de comando y otros seis puestos de vigilancia. La policía cuenta con tres comisarías y dos puestos de vigilancia, uno en la localidad de Soplín Vargas y otro en El Estrecho. El problema con la policia –según fuentes militares– es que en sus instalaciones, sobre todo en las comisarías, su personal no supera los diez efectivos. La Marina con dos bases también en Güeppi y El Estrecho es la única fuerza que se encarga del patrullaje fluvial. Sus movimientos son coordinados con sus pares de la armada colombiana, con la que comparten información sobre la guerrilla.

En este momento, Colombia también tiene designado a dos oficiales de inteligencia en nuestro territorio. Uno de ellos estaría destacado en la ciudad de Iquitos. Son estos agentes los que nutren de información actualizada a nuestras fuerzas para prevenir en lo posible que las FARC se refugien en territorio peruano.

Reuniones clandestinas

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Zona de influencia de las FARC en el norte de Loreto. Haga click en la imagen para ampliar.

Con todo, las FARC no son una presencia ajena al Perú. En el 2001 la colombiana Nubia Calderón Iñigue, conocida como la embajadora de las FARC en Latinoamérica, ingresó a territorio peruano por vía terrestre. Una vez en Lima, Calderón se reunió con algunos miembros y dirigentes del movimiento Patria Roja. Solo veinte días después volvió a su país. Previamente, se dio tiempo para visitar Bolivia.

Nuestras fuentes coinciden en que Nubia Calderón pudo tener dos motivos para llegar al Perú: una reunión de corte ideológico con Patria Roja o una probable coordinación con este movimiento para elaborar un proyecto político en común. Es obvio que ninguna de las dos hipótesis cristalizaron en una amenaza mayor.

Datos

REUNIÓN. Si no hay ningún cambio de última hora, el ministro Allan Wagner Tizón y su homólogo colombiano Juan Manuel Santos se reunirán este 24 de noviembre para discutir so-bre el ingreso de las FARC a nuestro territorio.

VIAJE. Santos y Wagner harán una inspección conjunta por todos los puestos de vigilancias que existe en la frontera del Perú con Colombia.


ANÁLISIS

Complicada erradicación

Fernando Rospigliosi
Ex ministro del Interior

El crecimiento de los cultivos de hoja de coca en la frontera con Colombia es una situación muy delicada. El Estado es muy débil en esta zona y la presencia del Ejército, la Marina y Policía es escasa. Ante esto la erradicación se hace muy complicada, sobre todo porque se necesita una base en tierra para que se puedan desplazar los funcionarios del Corah hacia las zonas de cultivo en el Putumayo. En este momento no hay un campamento desde el que puedan despegar los helicópteros, y aun si lo hicieran correrían el riesgo de ser atacados por las FARC. Por eso es indispensable que el ministro de Defensa Allan Wagner comprometa la ayuda de Colombia en la reunión que sostendrá próximamente con su homólogo de ese país. Es un problema que debe tener una solución conjunta. El problema se complica más porque la hoja de coca no crece en esta parte de la selva baja (el Putumayo), pero las FARC y sus aliados del narcotráfico han desarrollado una variedad que puede sobrevivir en este ambiente. Como dije, el problema debe resolverse con mucha cautela.

 
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