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Benjamín Marticorena.
Desde hace veinte años, el BID tiene un Programa de Ciencia y Tecnología para promover la competitividad productiva basada en la investigación científica y la innovación tecnológica. La mayor parte de los países de América Latina ya han recibido de esos recursos y logrado notables resultados en sus planes económicos, sociales y educativos, ganando, en promedio, cuatro dólares por cada uno invertido, vía mayores impuestos.
Con retraso, el Perú inició los tratos con el BID para ese fin en el 2001, suQQQscriQbiendo el acuerdo de préstamo, en julio del 2006. Todo está dispuesto para que el nuevo gobierno complete el proceso y ponga en uso esos recursos, los que sin ser cuantiosos (36 millones de dólares, de los que 25 constituyen el préstamo del BID y 11 la contrapartida del presupuesto público), son indispensables para estimular la competitividad sostenible en circunstancias de comprometernos en TLC.
Aun sin tales tratados, la necesidad de mejorar los servicios públicos y de construir un mercado interno competitivo reclaman invertir estratégicamente en investigación científica e innovación tecnológica y en la formación de capacidades humanas e instrumentales de alto nivel para realizarlas, algo en lo que, insensata y peligrosamente, el Estado escamoteaba comprometerse hasta el presente y tímido acuerdo con el BID.
Por norma del Banco, el organismo de ciencia y tecnología del país prestatario (en el Perú, el Concytec) debe presidir y liderar el programa desde su negociación hasta el final de su ejecución. Para responder a esa responsabilidad y con entera convicción sobre su papel en el programa, el Concytec asumió esa función desde marzo del 2002, y presidió el proceso participativo de elaboración del proyecto al BID, mediante consultorías y un gran número de talleres con científicos, empresarios y funcionarios públicos, e invirtiendo en ello, de su menguado presupuesto, la obligada contrapartida a un aporte del Banco para formular el proyecto. El MEF y MinProduce, socios del Concytec para la gestión y ejecución del proyecto, participaron en todo el proceso.
Este despertó gran expectativa en las comunidades de científicos y empresarios. Tanto es así que, para ganar experiencia sobre los mejores procedimientos para un buen uso de los recursos de que dispondría el país con este préstamo, el Concytec creó, en el año 2004, un programa (denominado PROCOM, por PROgrama de Ciencia y COMpetitividad) de subvenciones para innovación tecnológica en empresas asociadas con grupos de investigación en universidades e institutos. PROCOM ha logrado un notable éxito en sus tres años de convocatoria, financiando 25 proyectos de asociación universidad-empresa en las áreas de camélidos andinos, tecnología de materiales, acuicultura y plantas medicinales. Contra el aporte de un millón de dólares del Consejo, en tres años, las empresas lo hicieron con más de un millón y medio de dólares. Un exitoso y valioso ejercicio de formación de fondos mixtos.
En algunos pocos países el programa ha fracasado por haberse empleado en favorecer grupos de interés constituidos por consultores y funcionarios y asignando recursos sin mayor consideración por la calidad y pertinencia de los proyectos concursantes. La experiencia muestra que, inexcusablemente, la única forma en que esa economía puede ser beneficiosa para el país es invirtiéndola en premiar los méritos de proyectos que siendo bien elaborados y factibles, están definidos como prioritarios en los documentos de política y planeamiento, tales como el Plan Nacional de Competitividad y el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.
A fines del 2004, consciente de que el planeamiento nacional se concentra en la PCM y de que por ley el Concytec estaba adscrito a ella (como corresponde a su condición de cabeza del Sistema de CTI), el Consejo propuso involucrar y asentar en la PCM el Programa con el BID. Desde el inicio de su participación en el grupo de negociación, quedó establecido que, durante la ejecución del Programa y en salvaguarda de su adecuada gestión, la PCM lo apoyaría administrativamente, y ejercería su responsabilidad política directamente en el nivel funcional del Primer Ministro. De esta manera, el Directorio del Programa, presidido por el representante del Concytec, rendiría cuenta al Premier (y no a un funcionario debajo de él) sobre sus decisiones de política. Tal grado de responsabilidad para un Directorio se explica por la necesidad de contar en él (que, por lo demás, es ad honórem) con personas muy reconocidas por su solvencia en materia de ciencia, tecnología y desarrollo y por su imparcialidad.
Hay indicios, sin embargo, de que, contrariando el largo proceso de negociación con el BID, se ha recomendado, en la PCM, la modificación del ya acordado reglamento operativo del Programa, arriesgando con ello la posibilidad de su adecuada gestión. Consideramos que el Primer Ministro debe hacerse de la información necesaria para tomar una decisión. |